Tu hijo se frustra y tú quieres resolverlo. Ese es justamente el momento difícil

Cuando un niño se bloquea con una tarea, lo más rápido casi siempre es hacerla por él. Alejandra Senn, psicóloga de Colegio La Abadía, explica qué se pierde cuando tomamos ese atajo y cómo acompañar sin terminar haciendo todo.

Por Alejandra Senn · Psicóloga · Colegio La Abadía

El atajo que todos hemos tomado alguna vez

Son las ocho de la noche, la tarea sigue a medias y tu hijo ya no está trabajando: está enojado con el cuaderno. Dice que no le sale, que no entiende, que igual está mal. Y entonces pasa algo casi automático. Le damos la respuesta. Le hacemos el ejercicio “para avanzar más rápido”. Contestamos por él cuando alguien le pregunta algo y se queda callado.

Ese impulso no viene de un mal cálculo. Viene de querer que deje de pasarlo mal. Nadie mira con calma a un hijo frustrado. Lo incómodo es que la salida rápida funciona muy bien en el corto plazo: baja el ruido, la tarea queda lista, todos se van a acostar. El problema aparece después, y no se nota de inmediato.

Lo que se va con la frustración cuando la sacamos del camino

Si siempre evitamos que tu hijo se frustre, también le quitamos la oportunidad de desarrollar tres cosas que solo se aprenden estando ahí adentro: tolerancia, autonomía y confianza.

La tolerancia es la capacidad de quedarse un rato en algo que incomoda sin salir arrancando. No se enseña explicándola; se entrena atravesándola.

La autonomía aparece cuando el niño descubre hasta dónde puede llegar solo. Si la respuesta siempre llega desde afuera antes de que él la intente, esa información nunca se produce.

La confianza es la más frágil de las tres, porque no nace de que le digan que es capaz. Nace de haber podido. Y para haber podido, antes tuvo que costarle.

Visto así, la frustración deja de ser el obstáculo del aprendizaje y pasa a ser parte del proceso. No hay que buscarla, pero tampoco hay que apagarla apenas asoma.

“

Acompañar no es lo mismo que hacer. La diferencia entre las dos cosas es lo que tu hijo se lleva del episodio.

Acompañar sin hacer todo

Acá está el matiz que suele perderse. Cuando decimos que un niño necesita frustrarse, no estamos diciendo que hay que dejarlo solo con su rabia y esperar a que se le pase. Eso no enseña nada; solo agrega soledad al problema.

Acompañar significa estar al lado mientras él hace la parte que le corresponde. Es sostener el clima emocional sin sostener el lápiz. Y para ese momento concreto, cuando ya está pasando y hay que hacer algo, existe una secuencia simple.

Vuelve a ver el video de La Voz de La Abadía.

Cuatro pasos para el momento en que ya está pasando

1
Regula antes de razonar

Un niño frustrado no está en condiciones de escuchar una explicación larga. Si le hablas de esfuerzo, de organización o de por qué esto le va a servir en el futuro mientras está desbordado, esas palabras no entran. Primero hay que bajar la intensidad. Después se conversa.

2
Nombra la emoción

"Veo que esto te da rabia." "Parece que te sientes sobrepasado." Suena mínimo, pero poner el nombre ayuda a ordenar lo que está sintiendo. Mientras la emoción no tiene nombre, es una masa confusa que lo empuja. Cuando la tiene, se vuelve algo que se puede mirar.

3
Valida la emoción sin ceder a la conducta

Estas dos cosas viajan juntas y conviene no separarlas: "Entiendo que te moleste, pero no vamos a romper el cuaderno ni hablar mal." La emoción es legítima siempre. La conducta no siempre lo es. Validar no significa que ahora todo esté permitido porque lo estaba pasando mal, y poner un límite no significa negarle lo que siente.

4
Retoma la actividad por partes

Cuando la intensidad bajó, la tarea completa sigue siendo demasiado grande. Ahí sirve segmentar: tomar la instrucción, dividirla y hacer juntos el primer ejercicio. No los diez. El primero. Ese primer paso suele ser el que devuelve la sensación de que la cosa sí se puede.

Una frase útil para ese momento:

“

Es difícil, pero debemos buscar una estrategia.

Es una frase corta y hace bastante trabajo. Reconoce que efectivamente cuesta, no lo niega ni lo minimiza. Y al mismo tiempo mueve la conversación desde “no puedo” hacia “cómo lo hacemos”.

Lo que tu hijo aprende sin que nadie se lo explique

Si esta secuencia se repite en el tiempo, tu hijo va sacando una conclusión que nadie le dijo en voz alta: frustrarse no significa rendirse.

Es un aprendizaje que se instala en silencio, en la tarea de un martes cualquiera, en el rompecabezas que no calza, en el partido que salió mal. Y es un aprendizaje que después se usa en todas partes. En una prueba difícil. En un trabajo en grupo donde no lo escuchan. En algo que quiso y no le resultó a la primera.

Un niño que solo conoció el atajo aprende otra cosa: que cuando algo se pone difícil, aparece alguien y lo resuelve. Es una lección cómoda hasta el día en que no aparece nadie.

Por qué en La Abadía miramos estos momentos

En Colegio La Abadía el bienestar integral no es solo cuidar que tu hijo esté bien. También implica desarrollar las habilidades socioemocionales que le permiten enfrentar desafíos, aprender del error y seguir avanzando con apoyo.

Esa última parte importa. Con apoyo. No se trata de exigirle que se las arregle solo ni de sacarle los obstáculos del camino. Se trata de estar cerca mientras hace lo que le toca hacer, de acompañar la emoción sin resolver la tarea, de sostener el límite sin retirar el afecto.

Es un trabajo que ocurre en la sala de clases y en la mesa del comedor de tu casa, y funciona mejor cuando ambos lados miran hacia el mismo lugar. Por eso conversamos estos temas con las familias: porque el momento en que un niño se frustra es, en el fondo, una oportunidad para enseñarle algo que le va a servir mucho más allá de la tarea de hoy.

Sigue explorando La Voz de La Abadía

Nuevas conversaciones para comprender mejor cómo aprenden, crecen y desarrollan su autonomía los estudiantes.

Estudiante de Colegio La Abadía participa en una experiencia de aprendizaje.

EXCELENCIA ACADÉMICA

Altas expectativas para todos

En qué se distinguen de la presión académica y cómo se ven en la sala de clases.

Estudiantes de Colegio La Abadía aprenden junto a su profesora.

PERSONALIZACIÓN

¿Y si tu hijo no aprende lento, sino distinto?

Cómo reconocer distintas formas de aprender y acompañar con propósito y altas expectativas.

Educadora de Colegio La Abadía acompaña a un estudiante durante una actividad.

CONVIVENCIA

El bullying no se resuelve con carteles: se previene con cultura

Los cuatro elementos que sostienen una cultura de convivencia todos los días del año.

Conoce La Abadía y ven a visitarnos

Recorre el colegio, conversa con nuestro equipo y descubre cómo acompañamos a cada estudiante con propósito, altas expectativas y atención a su singularidad.

Estudiantes y profesora de Colegio La Abadía aprenden mediante una actividad concreta.

Agenda una visita o solicita información

Completa el formulario y nuestro equipo se pondrá en contacto contigo para orientar tus próximos pasos.
1
2
Nombre y apellido del postulante
Nombre y apellido del apoderado/a