Personalización del aprendizaje
Cada niño aprende distinto. Nuestro trabajo es notarlo a tiempo.
Un curso de treinta niños tiene treinta formas distintas de entender un problema. En La Abadía el profesor no enseña para el promedio del curso: conoce a cada estudiante lo suficiente como para notar cuándo alguien necesita más tiempo, otro camino o un desafío distinto.
Eso significa acompañar de cerca, en grupos donde el profesor efectivamente conoce a cada alumno por su nombre, y dar espacio para intentar, equivocarse y volver a intentar sin que el error se viva como un fracaso.
La autonomía se enseña igual que cualquier otra habilidad: paso a paso, con la cantidad justa de ayuda. Ni tan poca que el niño se sienta solo, ni tanta que termine resolviendo el adulto.
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